El proceso de paz colombiano emprendido
en el gobierno de Álvaro Uribe
y que tuvo como norte devolver la seguridad
a las zonas consideradas calientes donde
la guerrilla de la Farc, ELN y mas grupos
subversivos se enseñorearon en
la década del 80 y 90 corre el
riesgo de volver a constituirse en “zonas
calientes”, para el actual mandatario
Juan Manuel Santos, que busca la reinserción
de miles de campesinos que otrora fueron
expulsados por el conflicto armado de
sus ancestrales tierras mediante una controvertida
Ley que al momento causa mas miedo que
esperanzas de consolidar el proceso de
paz en Colombia .
La paradisiaca Urabá, donde se
asienta la mayor zona bananera del vecino
país al parecer es la joya de la
corona de la actual administración
de la FARC, que han declarado objetivo
militar a las organizaciones sindicales
y dirigentes políticos y sociales
del Urabá antioqueño, así
como de otras regiones del país
del norte, los que han pedido la protección
del estado colombiano ante el estado de
conmoción que se avecina.
La denuncia la realizó el presidente
de SINTRAINAGRO, Guillermo Rivera cuya
organización agrupa a más
de 20 mil trabajadores bananeros. Rivera,
asegura que la intención de la
FARC, es retomar el control de esta importante
región del departamento para sacar
los cargamentos de cocaína.
El golfo de Urabá es considerado
estratégico debido a su salida
al mar atlántico y su cercanía
tanto a Panamá como a Venezuela.
Urabá desde hace mas de una década
viene desarrollando conjuntamente con
las instituciones del estado colombiano
y la empresa privada, especialmente las
transnacionales de comercialización
del banano como Banacol y Uniban, un proceso
de reinserción social que abarca
desde la mejora de salarios, educación,
salubridad, seguridad social y otros ítems
que le han devuelto dinamismo económico
a la región.
La amenaza de volver al pasado fue confirmada
por la periodista Hortensia Castro, Directora
del periódico el Heraldo de Urabá,
quien aseguró que ha existido escaramuzas
o choques de fuerzas con los grupos irregulares
como signos de que la violencia sigue
latente en el Golfo de Urabá. Sin
embargo se negó a confirmar que
este estado de cosas se haya generalizado
y de que se este volviendo al pasado.
Afirmó que hay ciertos brotes
de violencia muy puntuales, pero que no
se pueden ligar del todo a las acciones
bélicas de la guerrilla de la FARC.
Quien si ha sido totalmente frontal en
la denuncia es Guillermo Rivera, dirigente
de SINTRAINAGRO a quien pude considerárselo
un sobreviviente de la época de
violencia, quien ha afirmado tajantemente
que en Urabá hay grupos ilegales
interesados en que continúe la
violencia y se frene el desarrollo social
y para ello amenazan a ganaderos, comerciantes,
empresarios, trabajadores y a la comunidad
en general.